Por Gema Stratico – Directora regional del Centro Terwilliger de Innovación en Vivienda de Hábitat para la Humanidad Internacional
La sostenibilidad y la acción climática suelen asociarse a grandes infraestructuras o tecnologías complejas. Sin embargo, en América Latina una parte clave de la respuesta climática tiene lugar a una escala mucho más cotidiana y decisiva: la vivienda que las familias construyen progresivamente, con recursos limitados y muchas veces sin guía profesional.
Desde el Centro Terwilliger de Innovación en Vivienda, parte de Hábitat para la Humanidad, entendemos la sostenibilidad no como un añadido, sino como una condición estructural para que la vivienda sea segura, asequible y resiliente frente al cambio climático. Una vivienda que no incorpora criterios de resiliencia —frente a riesgos climáticos, energéticos o económicos— no solo incrementa la vulnerabilidad de las familias, sino que genera costos futuros difíciles de revertir. Por eso, hablar de sostenibilidad en vivienda es, sobre todo, hablar de decisiones tempranas que reducen riesgos y fortalecen la capacidad de adaptación de los hogares a lo largo del tiempo.
La Unión Interamericana de Vivienda (UNIAPRAVI) estima un déficit de unidades residenciales para Latinoamérica y el Caribe (2022) de poco más de 55 millones de viviendas. De ese total, aproximadamente 15 millones (28 %) corresponden al déficit cuantitativo y casi 40 millones (72 %) al déficit cualitativo, que incluye a más de 113 millones de latinoamericanos que viven en barrios de origen informal, sin acceso a servicios básicos o titularidad de suelo, entre otros déficits de acceso a la ciudad.
Este dato es clave para la acción climática. No solo evidencia la magnitud del problema, sino que recuerda que lo que todavía no se ha construido representa una oportunidad única para hacerlo desde el inicio. Cada nueva vivienda edificada sin criterios de eficiencia, seguridad o adaptación climática consolida trayectorias de alto costo ambiental, social y económico. En cambio, incorporar estos criterios desde las primeras etapas permite mitigar impactos, evitar sobrecostos futuros y reducir vulnerabilidades estructurales.
De la teoría al mercado: por qué la construcción progresiva es clave para la acción climática
En América Latina, una parte considerable de las viviendas se construye por etapas, con recursos limitados y, con frecuencia, sin asistencia técnica adecuada. Esto genera una paradoja evidente: por un lado, existen altos niveles de vulnerabilidad climática, energética y constructiva; por otro, hay una enorme oportunidad de impacto, porque cada decisión incremental —un piso, un muro, una instalación— puede reducir o amplificar riesgos en el tiempo.
La construcción progresiva convierte decisiones domésticas en determinantes de resiliencia. Cuando las familias eligen materiales, detalles constructivos o soluciones básicas de servicios, esas elecciones definen la seguridad, el consumo energético y la durabilidad de la vivienda. Por eso es crucial que las intervenciones públicas y privadas se orienten a facilitar opciones informadas, económicas y escalables desde los primeros pasos de la edificación.
Este artículo plantea dos objetivos: primero, ofrecer un marco práctico para entender cómo abordar la sostenibilidad y la acción climática en la construcción progresiva de vivienda; segundo, presentar un caso práctico —el piloto Red Power— que muestra cómo esos principios se traducen en decisiones de compra por parte de familias que adquieren productos de vivienda sostenibles y de calidad, optimizando al mismo tiempo su inversión.
Sostenibilidad en vivienda: una lógica integral, no un concepto fragmentado
Para el Centro Terwilliger de Innovación en Vivienda, la sostenibilidad no es la suma de componentes aislados, sino una lógica integral orientada a reducir riesgos y generar valor en el tiempo. Esta lógica se articula en tres planos complementarios:
- Reducir la exposición a riesgos climáticos y energéticos. Mejorar el desempeño de la vivienda frente a eventos extremos y al creciente consumo eléctrico, de modo que las condiciones habitacionales no trasladen riesgos a las familias.
- Evitar sobrecostos futuros. Diseñar soluciones accesibles desde el inicio que prevengan gastos derivados de decisiones constructivas deficientes, materiales inapropiados o instalaciones mal ejecutadas.
- Fortalecer la capacidad de decisión de las familias. Incorporar asistencia técnica profesional, información confiable y estándares mínimos de calidad que protejan el bienestar y el patrimonio familiar.
Más que una definición teórica, esto implica criterios concretos para que la vivienda sea más resiliente, eficiente y segura, sobre todo en contextos donde cada decisión incremental tiene efectos acumulativos. Desde la perspectiva de la acción climática, intervenir en este mercado no requiere soluciones sofisticadas o costosas, sino ordenar la oferta existente, mejorar el acceso a información confiable y alinear incentivos para que las buenas prácticas sean las opciones más accesibles.
En ese sentido, la innovación de mercado juega un rol decisivo: hacer disponibles productos certificados, servicios de asistencia técnica asequibles y modelos de financiamiento que premien mejoras de calidad puede cambiar trayectorias constructivas a gran escala.
Caso práctico: Red Power — resiliencia y eficiencia desde la vivienda

Red Power es un piloto facilitado por el Centro Terwilliger de Innovación en Vivienda junto con la Asociación Gremial de Empresas Internacionales de Productos Eléctricos del Perú (EPEI), Sanima, Arka Estudio y la Federación Peruana de Cajas Municipales de Ahorro y Crédito (FEPCMAC). El proyecto aborda un desafío crítico de la construcción progresiva en Perú: instalaciones eléctricas precarias vinculadas a la informalidad, uso de productos subestándar y ausencia de asistencia técnica profesional.
En las últimas décadas la demanda eléctrica en los hogares se multiplicó. En ese contexto, instalaciones deficientes representan un riesgo silencioso: incendios, sobrecargas, fallas eléctricas y pérdidas materiales que podrían evitarse con decisiones adecuadas desde etapas tempranas de la vivienda.
Red Power prueba una intervención concreta y medible: instalaciones eléctricas seguras con productos certificados, acompañadas de asistencia técnica profesional y soluciones que optimizan el consumo energético. Su relevancia para la acción climática es directa: la seguridad eléctrica y la eficiencia energética son componentes esenciales de la resiliencia habitacional.
Los resultados del piloto muestran que mejorar la calidad de las instalaciones protege vidas y patrimonio, y además reduce el consumo energético, lo que genera beneficios económicos y ambientales para las familias. No se trata de tecnología compleja, sino de hacer accesibles estándares mínimos de calidad que hoy están fuera del alcance de millones de hogares.
Hacia dónde vamos: escalar resiliencia, no solo proyectos
El reto ya no es demostrar que estas soluciones funcionan; el desafío es escalar su impacto, especialmente donde millones de viviendas aún están por construirse o por mejorar. Esto requiere reducir la vulnerabilidad climática en la vivienda progresiva, promover prácticas constructivas más eficientes y seguras, y activar mecanismos de financiamiento vinculados a mejoras de calidad.

Escalar implica sinergias: políticas públicas que incorporen estándares y asistencia técnica, mercado que ofrezca productos certificados y asequibles, y programas financieros que faciliten inversiones tempranas en calidad y eficiencia. Solo así la sostenibilidad dejará de ser un concepto amplio para convertirse en una estrategia concreta de acción climática, donde cada decisión constructiva importa y cada mejora progresiva puede marcar la diferencia.



