En el negocio inmobiliario, muchas ventas no se pierden por falta de interés, sino por un problema mucho más silencioso: el crédito hipotecario. Cuando el financiamiento no llega a tiempo, las decisiones se enfrían y las operaciones se caen. En ese punto crítico, hoy la tecnología empieza a hacer la diferencia. Ahí es donde se posiciona Lidz.ai, con una propuesta que busca acelerar ese proceso y transformar la intención de compra en cierres concretos.
En Connection conversamos con el equipo de esta startup chilena, fundada por Nicolás González y Cornelio Saavedra, que tras enfocarse en optimizar el proceso comercial inmobiliario, hoy da un paso más: utilizar inteligencia artificial para conectar la decisión de compra con el acceso real al crédito hipotecario.
Donde se caen las ventas
Desde sus inicios, la compañía se enfocó en optimizar el proceso comercial inmobiliario, unificando canales, automatizando la atención inicial y transformando conversaciones en datos útiles. Sin embargo, en ese recorrido detectaron un problema estructural que seguía impactando directamente en los resultados: muchas ventas no se concretaban incluso cuando el cliente ya estaba decidido. “Podíamos ser muy eficientes ayudando a vender, pero si el comprador no conseguía financiamiento, la operación se caía”, explican.
A partir de ese diagnóstico, decidieron avanzar un paso más en el negocio. “Decidimos cerrar el círculo… ahora no solo ayudamos a encontrar la propiedad, sino que viabilizamos su compra”, señalan, con un objetivo claro: “ser la infraestructura tecnológica que conecte el deseo de compra con la realidad financiera”.
El acceso al crédito hipotecario sigue siendo uno de los principales cuellos de botella del sector. Más allá de las condiciones del mercado, el problema está en la dinámica de los procesos, que siguen siendo lentos y manuales. “El cuello de botella ocurre en la pre-evaluación y la fricción operativa”, explican, lo que impacta directamente en los tiempos de decisión: “un comprador tarda días o semanas en saber si es sujeto de crédito, mientras la inmobiliaria mantiene la unidad bloqueada con incertidumbre”.
En la región, este problema es aún más evidente. “En Latam, los procesos manuales demoran en promedio 60 horas solo en dar una respuesta inicial”, agregan. Y es justamente en ese intervalo donde se pierden la mayoría de las oportunidades: “atacamos ese limbo donde se caen las ventas por falta de agilidad”.

La tecnología como puente
Frente a este escenario, Lidz.ai desarrolló una solución basada en inteligencia artificial que transforma la experiencia desde el primer contacto, trasladando un proceso complejo a un entorno cotidiano como WhatsApp. “Nuestra IA actúa como un agente conversacional inteligente y un motor de riesgo financiero”, explican.
A partir de esa interacción, el sistema no solo recopila datos, sino que toma decisiones en tiempo real. “Analiza el perfil de riesgo del usuario en segundos y lo clasifica según su capacidad de compra real”, detallan. Esa información se conecta directamente con las instituciones financieras, lo que permite mejorar la calidad del proceso: “entregamos un prospecto calificado y, al comprador, claridad sobre qué entidad se ajusta mejor a su perfil”.
El impacto también se ve en la experiencia del usuario. “Eliminamos el ruido de datos irrelevantes y disminuimos la incertidumbre para quien va a comprar una vivienda”, aseguran. Todo ocurre de forma simple, en la misma conversación: “en una interacción normal por WhatsApp”.
Con este modelo, la compañía redefine su rol dentro del ecosistema inmobiliario, posicionándose como un actor que articula a todos los participantes del proceso. “Lidz actúa como el orquestador digital del ecosistema”, explican. Para las inmobiliarias, esto se traduce en mayor eficiencia: “somos el acelerador de cierres que garantiza que sus clientes están calificados”. Para los compradores, en una experiencia más simple: “somos el asistente que simplifica la burocracia bancaria”. Y para las instituciones financieras, en una nueva fuente de negocio: “somos un canal de originación de créditos de alta calidad, con perfiles ya evaluados mediante IA”.
El impacto es directo en los resultados. Al reducir los tiempos y eliminar la incertidumbre desde el inicio, las operaciones avanzan con mayor previsibilidad. “Reducimos los tiempos de respuesta de días a segundos”, destacan. Esto también permite optimizar el trabajo de los equipos: “la IA disminuye la carga operativa y permite que el humano intervenga cuando la operación ya está validada técnicamente”.
El efecto en el negocio es claro: “se reduce drásticamente el desistimiento de compra”.
Actualmente, la compañía está validando este modelo a través de un piloto junto a la mutuaria AATech, con el objetivo de escalar la colocación automatizada de créditos hipotecarios. Además, la compañía ya cuenta con operaciones en Chile, Perú y Argentina, consolidando su presencia en la región. “Buscamos demostrar que nuestro modelo puede procesar y aprobar créditos con tasas competitivas de manera eficiente”, explican, con una meta clara en el corto plazo: “colocar US$ 40 millones en créditos este año”.
El siguiente paso es llevar este modelo a otros mercados de la región. “La idea es establecer un estándar de rapidez y precisión y escalarlo a países como México o Colombia, donde la brecha de financiamiento es similar”.
En una industria donde cada operación cuenta, integrar tecnología que acelere procesos y aporte certeza puede marcar la diferencia. Porque cuando el crédito deja de ser una barrera, las decisiones no se enfrían: se concretan.



