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Bienes Raíces y NFT’s, por Nacho Flores

Bienes Raíces y NFT´s, por Nacho Flores

Autor: Nacho Flores

Seguramente inviertes en bienes raíces, la clase de activos más grande y tangible del mundo y muy probablemente no entiendes los NFT´s o sobre ese tipo de tecnología.

¿Qué solo estás comprando un token? 
¿El JPG está en otro lugar? 
¿Qué estás comprando en realidad?

Pues lamento informarte (o, en realidad, me complace informarte) que eres como nosotros.
Estás intercambiando tokens en papel sin valor intrínseco.

Tu “propiedad” sobre los terrenos, casas o departamentos es una convención social 100% inventada

Probablemente estás pensando que estoy loco pero déjame aclararte un poco mi punto de vista.
Imagina que vas a comprar una casa, en una zona de alta plusvalía, tal vez sea un departamento en el corazón de Polanco en la Ciudad de México o acaso una casa en San Pedro Garza García en Monterrey o un terreno en el Valle de Guadalupe, Baja California.

¿Qué significa comprar ese terreno en Valle de Guadalupe? 
¿Qué implica realmente ese proceso?

Bueno, lo más probable es que “envíes” dinero al vendedor (Algunos bits cambiarán en una computadora en algún lugar y se transferirá valor/recursos hacia otra persona)

Y luego vas a a tener que estampar tu firma en un contrato llamado “escritura”, excepto que, en lugar de firmar criptográficamente, estarás utilizando una tecnología muy antigua, la de lápiz y el papel.

Un notario (que es una especie de testigo-sacerdote con firma especial) observará el proceso para asegurarse y dar testimonio que se firmó correctamente este contrato.

Luego, el notario llevará ese papel a la oficina del Registro Público de Propiedad (que es una especie de base de datos gigante) donde se encuentra la información de cada propiedad y sus dueños actualizados, obviamente sólo se podrá realizar el traslado de dueño si la propiedad no tiene adeudos previos, ya sean de servicios estatales como agua, impuestos de predial o incluso hipotecas (préstamos con la propiedad en garantía)

¡Fantástico! Todo ha ido bien y ahora eres propietario de 4 hectáreas de tierra entre viñedos. La vista de las montañas es formidable y los atardeceres son multicolores. Los vecinos aseguran que la tierra es muy noble con la vid.

Pero, a pesar de lo hermoso del terreno hay algunos matices adicionales que no hemos cubierto: los derechos de agua, acceso a caminos, zonificación, permisos de construcción y uso de suelo.

Pero usted es un comprador serio, hizo su investigación y todos esos temas están solucionados y claros en tu compra.

OK, genial, entonces, ¿cuál es el problema?

Todo es una fantasía.

El “derecho de propiedad” es completamente imaginario, ese es el problema. Piénsalo por unos minutos: 2 personas firmaron un papel, alguien más bendijo el acto y estampó su sello y mágicamente la tierra es “propiedad” de otra persona.

¿Ese acto automáticamente construye una cerca? –No
¿Esa escritura te da superpoderes? –No
¿Esa escritura impide que personas, animales, peces, tormentas o nieve entren en tu propiedad? –No
¿Esa escritura hace algo en el mundo físico donde se encuentra su propiedad? -Por supuesto que no

La relación entre esa escritura y la tierra se considera equivalente a la relación entre un token NFT y un JPG ubicado en un servidor centralizado en alguna parte.

El vínculo entre tu escritura y tu tierra es solo una convención social, nada más.

Poseer bienes inmuebles es un concepto bastante maduro en Occidente, por lo que la convención social es bastante fuerte y se desvanece en un segundo plano y lo olvidamos.

Pero son todas estas convenciones sociales las que mantienen a un extraño fuera de tu casa.

Convenios Sociales Inmobiliarios:
a) No entras en la “propiedad privada” de otra persona sin invitación.
b) La base de datos de registro es el Registro Público de Propiedad
c) Las disputas se resuelven en tribunales.

Una de las formas de obligar a que se cumplan estos convenios es con la fuerza. Un arma y una jaula de metal (prisión) ayudan mucho a preservarlos.

Pero la historia nos demuestra que la sociedad no siempre funcionó con estás convenciones sociales. Los nativos americanos que cedieron tierras a los colonialistas (por la fuerza) nunca porque pensaron que alguien pudiera poseer las llanuras, las montañas y los ríos.

Parece difícil de imaginar hoy, pero déjame ayudarte.

Observa el vasto Océano Pacífico, lejos en aguas internacionales, e imaginemos que yo declaro y afirmo que 1 hectárea de ese océano es mío.

Y, para darle formalidad, firmaré un contrato ante Notario certificando mi afirmación y reclamo.

-“Me declaro gobernante supremo de esa hectárea marítima”.

Todos se van a reír de mí. 

Y la razón por la que se reirían de mí es que, hoy, en lo que se refiere a los vastos océanos, somos preindustriales, es decir, no tenemos la tecnología para hacer cumplir prácticamente los derechos de propiedad a miles de kilómetros de la costa, eso que llamamos “aguas internacionales”.

Algo así debió suceder en los siglos XVIII y XIX en el vasto territorio americano.

Montañas interminables, bosques, llanuras y ríos y un montón de tipos a caballo que cabalgaban y declaraban “Soy el gobernante supremo de esta montaña”.

Si fueras un nativo americano y estuvieras cerca, te reirías.

Pero la risa duró poco porque industrializamos la tierra y llegó más gente con armas, y fusilaron a la gente que estaba invadiendo “su” tierra.

Y luego, a medida que venía más y más gente, nos volvíamos más refinados. Menos tiroteos, más ceremonias mágicas en la oficina del notario, leyes y jueces, hasta llegar a la convención social sobre los inmuebles que tenemos hoy.

Con esta analogía (verídica e histórica) quiero compartirte que todo lo humano es convención social, mito, memes, relatos.

Que se pueda “poseer” la tierra, el agua, los minerales, el aire que hay encima, es una convención social, un meme, un mito.

El título de propiedad es un teatro y el notario es sólo un actor de la puesta en escena. Tú ya no ves la propiedad de los bienes raíces como una convención social porque tú y tus abuelos y los abuelos de ellos crecieron con eso, parecía normal.

Y entonces se siente real, aunque es solo una historia en la que todos estamos de acuerdo en creer, un juego con reglas comúnmente acordadas.

Pronto la propiedad digital se sentirá de la misma manera.

A mí ya me pasa, porque varios años entendiendo la propiedad digital y mi convención social ha cambiado. Un día te va a pasar a ti también. Y si no te pasa a ti, a tus hijos Y si no son tus hijos, seguro que a tus nietos.

La propiedad digital funcionará de la misma manera, con la convención social.

El token es el título de propiedad, lo que significa es que controlar el token específico es toda convención social que necesitas.

La única diferencia es que tenemos menos necesidad de armas. Al menos digitalmente, hacemos valer nuestros derechos con matemáticas, no con balas. Si alguien entra sin autorización en mi casa, podría necesitar músculos o un arma para sacarlo pero sería muy difícil para alguien traspasar digitalmente mis tokens. Por supuesto, podrían ir tras mis claves privadas pero ese es un riesgo derivado.

Los tokens digitales son, en general, bastante seguros.

La razón por la que los tokens, los NFT´s y los objetos digitales desconciertan a muchas personas es que la convención social se va construyendo en tiempo real.

Y no los culpo, parece una locura que miles de personas fanáticas de los NFT´s hubieran perdido el juicio al entrar en alguna clase de juego digital de fantasía.

Los NFT´s son ficticios, en estricto sentido son una convención social, un meme, un mito, un juego con reglas mutuamente acordadas, donde todos estamos de acuerdo en que el token #268452001 representa a la imagen a continuación:

Para entender los NFT´s hay que comprender que todo lo demás en la sociedad es exactamente así también. Una hoja de papel, en un archivero, en una pequeña oficina en Baja California, menciona que todos estamos de acuerdo que representa la tierra, los árboles y el agua que se encuentran en la imagen a continuación.

Esa convención social es mucho más extraña ahora que lo piensas ¿O no?

Inevitablemente, algún abogado de bienes raíces me corregirá y comentará: -Es que “hay leyes” que describen específicamente la relación entre ese papel y la tierra.

La respuesta sería: “¿y qué?”

Mi opinión es que las leyes existentes son perfectamente suficientes para que los tokens representen el arte o cualquier otra cosa que la gente esté dispuesta a aceptar.

En el caso de que, por alguna razón, no sean representativos, podemos hacer leyes adicionales.

Hubo un tiempo, por ejemplo, que no teníamos firmas electrónicas y ahora no hay procesos legales que no dependan de ellas.

Me parece que hay que tener la mente abierta para entender nuevos modelos. Y a pesar de que la tecnología y la tendencia digital sea clara habrá mucha gente que mencione: “pero tengo derechos sobre mi propiedad y si tengo un NFT no los tengo”

Pero ¿de dónde vienen esos derechos?

¿Por qué hace un par de cientos de años en Baja California decidimos que un humano puede ser dueño de un viñedo?

¿Saben el viñedo y el monte que son de su propiedad? ¿Les importa que sean propiedad?

Es solo un juego entre humanos: “este es mi viñedo y puedo sembrar aquí y tú no”

De la misma forma estamos jugando un juego criptográfico, yo puedo mover el token #268452001 y tú no.

A la gente le apasionan los derechos de propiedad y me alegro de que así sea. Sospecho que la sociedad funciona mejor con el sentimiento de “propiedad”.

Considero que el objetivo del metaverso es garantizar que la sociedad también tenga derechos de propiedad en un mundo digital.

Es maravilloso que puedas tener una viñedo en Valle de Guadalupe, Baja California y creo que es maravilloso que puedas tener un NFT. 

Eventualmente tendremos los mismos derechos online, en una sociedad cada vez más digital, igual que como los que tenemos en el mundo físico.

Pero, lamentablemente, nuestros políticos están atrasados. Todavía no están allí. Por lo tanto, debemos hacerlo nosotros mismos por ahora y patrocinar comunidades en línea donde somos PROPIETARIOS soberanos y tenemos derecho a salir y llevarnos nuestras cosas, ya sea porque no confiamos en el gobierno o porque no confiamos en una plataforma (Facebook)

Esta es una revolución de liberación del ciudadano y una nueva construcción social basada en la propiedad verdaderamente incensurable.

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